Los familiares necesitan observar y consultar con el médico primario

Glamaris Valentín Cameron Mi Gente Grande

Uno pensaría que el día que un adulto mayor comienza a usar un bastón recibe un entrenamiento especial  o un certificado de uso correcto. Incluso yo pensaba que los ancianos se siente más seguros y contentos con el nuevo bastón.  La realidad es diferente. Mi Gente Grande tiene su primer contacto con un bastón de la manera más informal posible. Les tengo que contar cómo ha sido la experiencia con mi padre.

¿De dónde tú sacaste ese bastón?

Por alguna razón en casa siempre hemos tenido un bastón guardado. Mami me dice que perteneció al papá de su gran amiga Marta Luz.  También hay otro bastón que se dobla, tipo James Bond,  que mami compró en la farmacia porque lo encontró práctico.  Aunque no lo necesitaba me dijo “cuando lo quiera, no lo voy a conseguir”.  Además,  encontramos un andador sin ruedas que perteneció a mi Titi Haydee.  ¡Estamos equipados! Al menos eso pensaba yo, antes de ser cuidadora de mis viejos.

El desbalance que no se quita

Mi  papá, a sus 79 años, hablaba de su salud en términos positivos  “Yo me siento fenómeno, pero este desbalance no se me quita”. El desbalance continuaba y sufría pequeños conatos de caídas, hasta que un día se fracturó la muñeca. Mi hermano lo llevó a sala de emergencias y cuando llegué al hospital suspiré feliz mientras le colocaban el  vendaje. Yo pensé  “En cuestión de minutos lo enyesan y nos vamos”. Lo que sucedió fue que llegó el ortopeda y me dijo “Es una fractura y hay que operar mañana temprano”.  Me desmayé.

Pensé que papi estaba muy mayor para tolerar una operación y que la anestesia le haría daño. El ortopeda me aclaró las dudas  y todo salió perfecto. Al día siguiente de la caía, cerca de las 3:00 pm, ya estábamos en casa. En esos momentos de tranquilidad recordé el famoso desbalance. En su próxima cita con el internista lo consulté. El médico me dijo “Las personas sordas sufren de desbalance, eso no se le quita. Y él debería usar bastón de cuatro puntos todo el tiempo”.  Le pregunté dónde se podía obtener y nos explicó que él se solicitaba a Medicare . Y así fue, dos días después llegó el bastón a la casa. El empleado lo sacó del plástico y lo entregó,  sin explicaciones,  ni entrenamientos.

Como papi tomaba terapias por su fractura, le pedí a los terapistas que le explicaran  como usar el bastón, incluso lo ajustaron a su estatura. Papi nunca hizo las paces con el bastón de cuatro puntos, lo dejaba en cada esquina o lo mantenía suspendido en el aire mientras caminaba. Un día llegué a la casa y estaba caminando con dos bastones, uno en cada mano. No podía creerlo y  le dije bien bajito “Papi ¿Tú no crees que eso es peligroso? “. Lo que siguió fue un andador sin ruedas y más adelante un diagnóstico de enfermedad de los Cuerpos de Lewy.  El paciente continuaba cayéndose y a orden fue caminar con andador y el cuidador (nosotros) detrás del él.

Los bastones en la vida real

Aún me cuesta trabajo aceptar que los médicos no son los primeros en darse cuenta si un paciente necesita o no bastón. Pero si lo analizamos, el adulto mayor solo da unos pasitos para tomar asiento en la oficina de su médico y si los cuidadores no hablamos, las personas mayores no van a decir que les da trabajo caminar. Nadie quiere andar con un bastón, aunque tenga diseño de florecitas o bolitas de tenis para amortiguar el ruido. Conversando con  Sila Otero, del Programa de Asistencia Tecnológica de Puerto Rico, confirmé que mi caso no es el único, que la mayoría de nuestros adultos mayores comienzan a utilizar bastón cuando no tienen más remedio y por lo general lo compran en una farmacia o alguien se lo presta.

Los familiares de personas mayores debemos mantenernos observadores y alerta  a los cambios. Muy en especial  nos debemos preguntar  ¿Mis viejos pueden continuar realizando las mismas tareas básicas? ¿Sufren de desbalance? ¿Han tenido caídas, tropezones  o resbalones?

 Por lo general si el paciente no tiene un diagnóstico previo, no visita un especialista para que le asigne un bastón. Para seleccionar el bastón adecuado el médico de cabecera toma en cuenta peso, balance y estatura del paciente. Las razones más comunes para necesitar un bastón pueden ir desde el cansancio o fatiga, artritis, osteopenia y otras condiciones, pero sobre todo un bastón debe proveer seguridad.  Los profesionales de la salud llamados a explicarnos cómo usar un bastón son los fisiatras y terapistas ocupacionales.

Sila Otero nos sugiere una opción para ahorrar dinero: solicitar el equipo reciclado del Programa de Asistencia Tecnológica de Puerto Rico. De hecho el paciente puede llevarse mediante préstamo dos equipos para probar cuál es más cómodo. Al momento de realizar este reportaje el Programa de Asistencia Tecnológica de Puerto Rico no está abierto al público por causa de la pandemia del COVID 19 pero pueden  llamar al (787) 474-9999  para información adicional. Con este relato procuro comenzar una larga conversación sobre el uso del bastón. Síguenos en migentegrande.com